Si usted alguna vez ha disfrutado las canciones de una marimba en alguna fiesta, baile, o restaurante de la zona, es muy probable que ya haya escuchado a los Hermanos Gutiérrez. Localmente es común ver sus presentaciones en Taco Taco, El Manglar, Kaya Sol, Cafe de Paris, y Lagarta Lodge. Si no están en Nosara, es porque fueron solicitados en Tamarindo, Sámara, Nicoya, o Santa Cruz.

Antonio Gutiérrez García aprendió el arte de la marimba de su padre, quien le empezó a enseñar desde que tenía 8 años. ‟Papá tocaba la melodía, yo le hacía los bajos”, nos cuenta. Se presentaban en escuelas, bailes y fiestas del pueblo. ‟Ahora yo soy el encargado de la melodía”. Antonio y su hermano continúan la tradición de su familia.

En aquel entonces, el padre de Antonio construía las marimbas a mano ya que no había servicio de electricidad en Nosara. El grupo ahora cuenta con tres marimbas, un güirro, y en ocasiones un bajo eléctrico.

Antonio nació en 1951. Nosara era un pueblo muy pequeño, pobre y aislado. La mayoría de los terrenos estaban destinados al ganado propiedad de Filemón Baltodano. Baltodano, también era propietario de varias fincas en La Casona, Arenales, Esperanza y Corralillo; y al parecer todo un personaje. Llegaba a Nosara en su avión privado. Cuando aterrizaba todo el pueblo se aglomeraba a su alrededor para darle la bienvenida y para gritarle la oferta de cultivos que tuvieran para vender. Filemón venía a Nosara a poner órdenes de compra, las cuales pagaba por adelantado. Era su propio mercado de futuros. Luego mandaba a sus choferes a recoger y transportar las cosechas a su destino.

Las personas trataban de explicar la fortuna de Filemón aduciendo que esta era producto de un trato con el diablo. ‟Una noche de luna llena, se rumora de un hombre sobre un caballo negro andando alrededor de la casa de Baltodano. Los animales del vecindario gemían asustados. Las personas temían que alguien pudiera morir, ya que sabían que ese montador misterioso era capaz de matar”, recuerda Gutiérrez.

‟Papá me enseñó desde muy pequeño a trabajar. Trabajábamos en una finca. Yo limpiaba el corral desde que tenía 15 años”, nos cuenta. ‟En 1973, Alan Hutchinson compró la finca y así yo empecé a trabajar en el Proyecto, bajo el mando de Gene Talboy. Lo primero que hicimos fue construir los caminos. Luego instalamos la tubería para el acueducto. Seguidamente trabajé junto al topógrafo para delimitar las propiedades y establecer las áreas protegidas bajo la Ley Forestal. El señor Talboy siempre se preocupó por la protección de la vida silvestre”, nos cuenta.

Más adelante, Talboy se interesó por el negocio de la producción de vino y Antonio tuvo la oportunidad de aprender. La empresa importó 70 toneladas de roble, tres tanques para fermentación y adquirió un suministro perpetuo de uvas.‟Después de tres meses, nosotros transferíamos el vino a los barriles de roble. Cuando estaba listo lo destilábamos, filtrábamos y embotellábamos. Producíamos cabernet, zinfandel, chardonnay y rose. Le empresa Yamuni distribuía el vino por Centroamérica”.

Después de 15 años, Talboy comprobó que el negocio del vino no era rentable en Centroamérica, y empezó entonces a construir casas por todo el proyecto de las Playas de Nosara.

Luego Talboy se enfermo y tuvo que mudarse a San José para tener acceso a su tratamiento. Visitó Nosara una vez más y trató de avisar a Antonio sobre su visita pero lamentablemente el mensaje nunca llegó. No se vieron. Talboy regresó a San José y falleció en el aeropuerto mismo.

‟Yo trabajé para Gene desde 1973 hasta el año 2000. Él era una persona muy generosa. Cuando me casé, él me regaló una refrigeradora y un televisor”. Pero luego de su muerte, Gutiérrez se sorprendió al conocer que no recibiría lo correspondiente a su liquidación, y que su salario no había sido reportado por un período de 10 años, lo cual redujo su pensión significativamente.

Desde 2002, Gutiérrez trabaja para Bobbi Johnson, como jardinero y encargado de mantenimiento para todas las propiedades que administra. También colabora para la NCA, supervisando y manteniendo los perímetros de las zonas verdes. ‟Es un trabajo importante porque muchas personas invaden los parques”, nos dice.

En el área de las playas siembra postes de cemento o de plástico reciclado. En las lomas siembra cercas vivientes, de jinote o jobo. ‟En terrenos empinados la cerca viva funciona mejor y esas especies son ideales”, explica.

‟En general, el arribo de extranjeros a la comunidad ha mejorado la calidad vida en Nosara, pero también ha traído problemas. Hay muchos más bienes y servicios disponibles ahora, pero el costo de la vida ha subido mucho. La nueva cultura y riqueza alimenta fuertemente el negocio del narcotráfico, un grave problema que ha venido infectando la vida de muchas familias locales”, nos dice. ‟Pero las oportunidades ahora son abundantes comparadas a las que encontrábamos antes de 1973. Antes durante el verano, uno o varios miembros de las familias debían trasladarse a Puntarenas, Filadelfia, y algunos hasta Limón; para trabajar en las plantaciones de arroz, caña de azúcar o banano. Ahora la economía local es lo suficientemente fuerte para proveer trabajo durante todo el año. A mí y a mis hijos no nos falta el trabajo. Tengo un carpintero, un electricista, una agente de ventas, una ama de casa y una estudiante”.

‟…y toco la marimba varias veces por semana, frente a audiencias nuevas y otras ya conocidas, preservando la tradición Nosareña y de mi familia”.