Animation – Mordecai Gerstein

En 1973, Graeme Dunstan, un activista político australiano, y Vernon Treweeke, un artista psicodélico, se reunieron con amigos para planear una gran fiesta de diez días. El nombre: ​El Festival Acuario de estilos de vida alternativos.​ La misión del festival: una celebración del pensamiento alternativo, las creencias de la nueva era y los estilos de vida sostenibles. La ubicación: la remota ciudad de Nimbin, cerca de Byron Bay en la costa este de Australia. Antes del festival, el lugar estaba prácticamente deshabitado. Después de que el festival terminó, solo un 40-50 por ciento de los 10,000 asistentes regresaron a sus vidas anteriores. El resto, unos cuantos miles de mochileros, hippies, surfistas y guías espirituales, quienes rápidamente se autodenominaron los “Acuarios”, y se propusieron crear una comunidad diseñada para liderar con el ejemplo y finalmente hacer del mundo un lugar mejor.¹

De este crisol idealista y bien intencionado nació el Byron Bay que conocemos hoy. En la actualidad, cualquier mención de Byron Bay en el mundo occidental puede causar una reacción emocional inmediata de aquellos que han estado allí o que les encantaría visitar. Los especialistas en marketing y vendedores de Byron Bay hicieron un excelente trabajo promocionando el área como el refugio natural definitivo, un centro espiritual y creativo, paraíso de surf y ecología. Suena perfecto, ¿verdad? Y lo fue, por un tiempo, hasta que los hippies y los surfistas se vieron superados en número por el creciente flujo de citadinos adinerados y descontentos. Unidos por el anhelo de dejar atrás las ciudades que habían proporcionado su riqueza, muchos llegaron en busca de una vida sencilla y libre de estrés en la naturaleza. Era solo cuestión de tiempo antes de que el “desarrollo” se convirtiera en un desarrollo excesivo.

Hoy, muchos que conocieron el Byron Bay de antaño piensan que está al borde de la ruina. Sobre promocionado y sobrevendido, gran parte del terreno natural por el cual el lugar alguna vez fue famoso ya no existe. En las últimas dos décadas, el crecimiento ha sido exponencial. El hábitat una vez verde y lleno de Koalas y otra fauna local ha sido arrasado para dar paso al desarrollo de mansiones de millones de dólares².2 A pesar de que no hay ningún lugar para estacionar, las playas locales están constantemente llenas, y los bañistas afirman que el localismo y la agresión nunca han sido tan altos entre los surfistas.

Si Byron Bay fuera un ejemplo aislado, sería fácil descartarlo. Pero no lo es. En realidad su historia se repite en otros lugares: las Islas Phi Phi en Tailandia, Boracay en Filipinas, Lombok y Bali en Indonesia, Cay Bay en las Bahamas, Cozumel en México, y Tamarindo y Jaco aquí en Costa Rica. La lista de lugares que han sacrificado su riqueza natural por dinero continua.³

A medida que aumenta el volumen de personas que optan por abandonar el barco en favor de un paraíso tropical, también lo hace el impacto ecológico que les sigue. Desde una perspectiva sociológica, las preguntas sobre por qué el Homo Sapien moderno parece incapaz de existir en un lugar sin impactar negativamente a todos los seres vivos que no son ellos, no es nada nuevo. Es un debate que se ha discutido por miles de años. De hecho, esta misma pregunta se plantea en los párrafos iniciales de la obra literaria más conocida de la humanidad.

Todos lo hemos escuchado: dos adolescentes felizmente ignorantes existen en armonía natural con el mundo que los rodea. Cambian su conexión con la naturaleza por tentaciones mundanas y son expulsados ​​del paraíso. Allí, tienen dos hijos, el cazador-recolector amante de la naturaleza (Abel) y su hermano emprendedor y constructor de la civilización (Caín). El constructor mata al amante de la naturaleza y el resto es historia.

Aunque una encuesta de 2014 concluyó que el 56% de los norteamericanos cree que los bíblicos Adán y Eva eran personas reales, cualquier antropólogo respetable le contará que esta historia refleja una metáfora de cazadores-recolectores pasada oralmente, que intenta esbozar la historia y los efectos de la revolución agrícola y su subproducto: la propiedad de la tierra.⁴

En su forma original, la historia del Génesis fue la historia de cómo comenzó la separación de la humanidad del mundo natural. Esencialmente, una historia que asustaba con el destierro, el exilio y represalias como consecuencia de la violación de las leyes naturales. Fue, según las mentes antropológicas más brillantes, la historia del período en que los humanos aprendieron a producir más alimentos de los que necesitaban.⁵

La revolución agrícola provocó el nacimiento de la civilización moderna y el amanecer de la mentalidad de “propiedad” humana que existe hoy en día. 12,000 años después, el aire que se respira en Londres, Los Ángeles, Tokio y Beijing es tóxico. La minería de recursos, la extensión humana, la sobrepesca y la agricultura industrial están fuera de control. En lugares maldecidos por su riqueza mineral, como la cuenca del Congo o el Amazonas, se puede caminar durante días y el único árbol que se puede ver es un tronco muerto, rodeado de cientos de miles de otros troncos muertos. Lo que una vez fue el hogar de la mayor biodiversidad en la tierra ahora es un cementerio. La mayoría de las criaturas majestuosas que alguna vez vagaron libremente ahora están enjauladas en zoológicos. Somos dolorosamente conscientes de que el resultado inevitable del consumo excesivo y la dependencia de los combustibles fósiles es el colapso de la civilización y ¿cómo reaccionamos? Con un simple “pero, si ponemos fin a esto, destruiremos nuestras propias economías”, al tiempo que decidimos ignorar la destrucción continua e incesante del planeta que proporciona los recursos naturales que alimentan el motor económico que hace que todo funcione. Y seguimos adelante, avanzando distraídos, directos hacia el desastre.

Un breve vistazo a las noticias del día es suficiente para saber que el mundo está en crisis. Y esta es precisamente la razón por la cual cada vez más y más y más personas continuarán huyendo a lugares que prometen lo opuesto del remolino cultural en espiral descendiente del que lograron escapar. ¿Qué sigue? Estas personas, parquean sus botes salvavidas en los lugares remotos y naturales que anhela su antiguo hardware genético, pero donde su mentalidad moderna requiere grandes, lujosas, cómodas casas de última generación, que poco a poco van sustituyendo el hábitat natural que tanto anhelaban. Lugares donde su propia presencia debe, por definición, eventualmente catalizar un destino similar al de Byron Bay o Bali, etc. Lugares como Nosara.”Pero Nosara es diferente”, dicen muchas personas. “Queremos un desarrollo sostenible” no hay forma de que la devastación ecológica que ocurrió en Byron Bay o Boracay pudiera ocurrir aquí “………. ¿En serio?

Bueno … en realidad … ¡sí! Al menos tal vez de alguna manera, si tenemos mucho cuidado. ¿Por qué? Porque Nosara es diferente. O, al menos, todavía tiene el potencial de serlo. En la superficie, con una mirada rápida al aumento del turismo, la construcción y la consecuente pérdida de hábitat natural, es fácil perder la esperanza. Sin embargo, escarbando la superficie se pueden encontrar razones para tener esperanzas. Podría mencionarse dos principalmente:

En primer lugar, el crecimiento acelerado de Nosara está ocurriendo en una época en la que las consecuencias de la sobreexplotación de los recursos naturales no pueden ser ignoradas ni justificadas, incluso por aquellos que continúan usando el desgastado, y lógicamente contradictorio argumento de que a mayor crecimiento económico, mayor calidad de vida. Inclusive, la definición humana colectiva de la palabra “beneficio” está cambiando rápidamente. A diferencia de hace cincuenta años, los desarrolladores ya no pueden alegar ignorancia con respecto a los efectos de la pérdida de hábitat y esperar ser tomados en serio. Este no fue el caso en lugares como Byron Bay o Indonesia, cuyo gran crecimiento comenzó a finales de la década de 1970, cuando las “sostenibilidad” apenas comenzaba a impregnar el léxico occidental, un tema del que solo debatían los hippies y ecologistas nerd.

En segundo lugar, muchos de los lugares antes mencionados que se han convertido en víctimas involuntarias de su propio encanto natural no tenían organizaciones dedicadas a buscar un verdadero desarrollo sostenible: organizaciones como la Asociación Cívica de Nosara, una organización cuya encarnación moderna se ha formado con un solo propósito: garantizar que Nosara, este verdadero Edén de nuestro planeta, siga siendo algo parecido al tipo de paraíso natural que las generaciones futuras pueden apreciar y disfrutar. Algunos pueden argumentar que esta perspectiva es hipócrita. De alguna manera, serían correctos. Sí, los miembros de la NCA aman y viven en Nosara, y muchos dirán que su presencia aquí contradice lo que realmente significa preservación, conservación y sostenibilidad. Pero ellos, como tantos otros, están aquí para quedarse. Así que cuáles son las opciones que tenemos?

Tal como lo vemos, la pregunta que debe resolverse es esta: ¿Podemos, nosotros humanos coexistir con la naturaleza de este lugar? ¿Hay alguna forma previsible de disfrutar de las muchas recompensas de vivir aquí sin matar a la gallina de los huevos de oro, o los monos aulladores y los corredores arbóreos que necesitan para sobrevivir? ¿Podemos observar las lecciones aprendidas de la larga lista de viejos paraísos utópicos de turistas en todo el mundo yaplicar las lecciones aquí, en nuestra propia realidad? Creemos que la respuesta es, una vez más “sí”, pero solo si tenemos mucho cuidado.

Nosara es un experimento, un microcosmos de los problemas y elecciones que enfrenta el mundo moderno. El campo de batalla es entre sistemas de valores mundanos insostenibles y una visión del mundo encabezada por una creciente conciencia de que necesitamos, o salirnos del molde, o vamos a acabar con lo que queda del planeta.

Nosara es una historia. Como Byron Bay, o Goa, o Kho Phi Phi, o el jardín bíblico del Edén. Nosara, tal como la conocemos, comenzó como una historia contada por naturalistas que soñaban con un lugar donde el hardware genético inactivo que evolucionó en las sabanas africanas podría despertarse, y reconectarnos con el ancho de banda natural, del que de alguna manera nos desconectamos a través de siglos de materialismo. A diferencia de estos lugares, lo que hace que Nosara sea único es que su historia aún no se ha escrito. Nunca ha sido tan urgente la cuestión de cómo encaminamos el próximo capítulo de Nosara. La historia podría concluir como el viejo cuento de estacionamientos en un paraíso pavimentado. O podría contarse una nueva historia, en la que los habitantes se pusieron de pie y tomaron las medidas necesarias para servir de ejemplo a otros destinos que enfrentan una situación similar. Juntos, demostrando que los humanos realmente pueden regresar al paraíso y vivir en él, sin ensuciarlo.

El papel de la NCA es ser optimista y proactivo sobre este último escenario. Puede decirse que somos soñadores, pero estamos seguros de que no somos los únicos. Si usted valora nuestro trabajo, mejor aún, si valora el entorno natural en el que vive y desea que permanezca, entonces lo invitamos humildemente pero con firmeza a convertirse en miembro o donador de nuestra asociación, porque lo necesitamos. Si desea ver la belleza natural de esta área preservada de la mejor manera posible, entonces usted también nos necesita. Haga clic aquí para descubrir cómo unirse a la NCA.

  1. https://www.sl.nsw.gov.au/stories/under-rainbow-nimbin-aquarius-festival
  2. https://www.echo.net.au/2018/01/warning-west-byrons-massive-traffic-environmental-impacts/
  3. https://www.telegraph.co.uk/travel/lists/beautiful-islands-ruined-by-tourism/
  4. https://news.gallup.com/poll/170822/believe-creationist-view-human-origins.aspx
  5. https://www.livinganthropologically.com/archaeology/agriculture-worst-mistake