En esta edición compartimos la historia de Rancho Suizo, uno de los primeros negocios en abrir puertas en Playa Pelada, y otro más que actualmente se encuentra en transición. Su antigua dueña Ruth Luescher compartió con nosotros su historia antes de su partida.

Hace casi 30 años, Ruth y René Spinnler decidieron iniciar una aventura. Después de trabajar durante casi tres décadas en Suiza, su tierra natal, buscaban un cambio significativo en sus vidas, uno que reflejara su amor por viajar.

Visitaron Nosara por primera vez en 1985 y construyeron una casa en 1987. En 1990 lograron mudarse permanentemente e iniciaron con los planes para su nuevo negocio. Su visión era construir un pequeño hotel para recibir huéspedes de todos los países que ellos ya habían visitado.

Esta aventura involucró “aprender de camino” ya que no tenían ninguna experiencia en hotelería. Ruth era bióloga y René diseñador gráfico, pero tomaron el nuevo reto con mucho entusiasmo. “Ni siquiera hablaba español, aprendí a hablarlo aquí”, nos cuenta Ruth.

En 6 semanas lograron construir las primeras dos cabinas tipo “bungalow” y abrieron Rancho Suizo. Fue el segundo hotel en Playa Pelada, construido todo “a mano”, literalmente.

“Cuando llegamos no había electricidad, ni camino, ni maquinaria”. No conocían mucho de construcción, ni del país al cual se estaban mudando. René fue aprendiendo mientras trabajaba con Jim Rodengen.

En 1991 abrieron el restaurante. Ruth era la cocinera y preparaba todas las comidas en la pequeña cocina de su casa. Este fue el tercer restaurante en abrir en Playa Pelada y uno de los pocos en el distrito. “Llegaba gente de Guiones e incluso desde Ostional a comer. “A veces salían hasta 30 comidas en una noche, ¡un montón!”, nos cuenta. “Cada plato de comida costaba alrededor de 480 colones, lo cual era barato para la época”.

Ruth y René continuaron haciendo mejoras con el pasar de los años. Lograron remplazar un puente peatonal con otro que permitía que los carros pasaran hasta el parqueo. “Nosotros mismos fuimos los que trajimos la electricidad desde la calle en 1993. “Era una línea dedicada, pero luego ICE cambió de opinión”. Poco a poco fueron adquiriendo más terreno, hasta lograr contar con casi 6.000 metros cuadrados, lo cual les permitió construir más cabinas, una piscina, cabañas, un bar y un asador. “Paramos cuando logramos tener 11 bungalows. Quisimos mantener el ambiente natural, más construcción hubiera sido demasiado”.

El servicio telefónico estuvo disponible hasta 1997. “Dependíamos de una agencia de viajes suiza. Ellos nos notificaban las reservaciones vía fax a la oficina de correos en Nicoya. Los del correo luego nos enviaban el fax por encomienda en el bus a Nosara”. “Yo llamaba de vez en cuando al correo desde alguno de los pocos teléfonos disponibles en el pueblo para preguntar si había llegado algún fax. Si me respondían que sí yo me iba a topar el bus con la respuesta lista, que era otro fax que se iba en el bus de regreso a Nicoya. Tomaba alrededor de 90 horas poder completar una reservación”.

El recuerdo más preciado para Ruth fue su primera experiencia viendo las tortugas en Ostional. “Muy temprano en la mañana vimos las tortugas bebé saliendo de su nido en la arena. Nosotros tratábamos de salvarlas de los zopilotes llevándolas hasta el mar. Luego aprendimos que esto no se debe hacer”.

Aunque Ruth no ayudó a esas tortuguitas en aquella ocasión, ella dedicó su gran parte de su vida en Nosara a rescatar animales. A través de los años Rancho Suizo hospedó tucanes, lapas, pericos, una cacatúa y tortugas de tierra. Teníamos una jaula grande y otras más pequeñas para los animales heridos.

Logramos reproducir varias lapas rojas, las cuales luego transferimos al Sanctuario de Lapas NATUWA en Puntarenas. En total criamos 7. Las lapas llegan a su edad adulta a los 13 años. “Perdimos dos pequeñas que cayeron al suelo durante el terremoto”, recuerda.

Ruth también rescató 12 gatos, 5 perros, 6 pizotes y una ardilla. Un pelícano con una pata rota vivió en la piscina por tres meses. Nuestros huéspedes le traían pescado del río. Un día logró alzar vuelo y no regresó más. “Cuando encontraba monos heridos siempre llamé a Brenda Bombard”.

“Una vez René se encontraba de viaje. Cuando desperté noté que una boa se había comido la cacatúa”, nos cuenta. Luego la boa volvió, esta vez interesada en una lapa. “Le quité la lapa a la boa halándola, pero al mismo tiempo la boa se me enroscó. ¡Me estaba ahorcando! Pude alcanzar un alambre, el cual enrollé alrededor del cuerpo de la boa. Con este pude ejercer presión hasta que me liberó”. Ruth encontró luego una caja grande donde introdujo la boa, colocando varias piedras grandes en la tapa para evitar que se saliera. Al día siguiente su jardinero liberó la boa bien lejos del hotel. Ruth continuó atrapando y liberando boas, pero mejor preparada. Consiguió una herramienta para este propósito.

El día 26 de setiembre del año pasado, mientras revisaban las tareas pendientes por hacer durante la tarde, René sufrió un paro cardiaco que terminó con su vida. Ruth y René estuvieron juntos por 46 años. “Luego de que René partió, me encontré muy sola pero también muy ocupada. Estaba trabajando 16 horas diarias: cocinando, limpiando, llevando las reservaciones, etc.” Ruth se sintió aliviada cuando el hotel se vendió. El nuevo dueño promete preservar el ambiente natural que Ruth y René lograron establecer a lo largo de tantos años de trabajo.

El 14 de marzo fue el último día de Ruth Luescher en Nosara. Ella va a pasar un tiempo con su familia en Suiza, pero espera volver a aventurarse en algún país hispanohablante soleado. “Es triste para mí dejar este paraíso natural, este clima y a mis amigos. Aquí todo lo que hice y viví fue con mi corazón”, afirma Ruth.

Ruth espera visitar Nosara en algún momento. Por el momento: “me despido de todos”.