Durante un día ventoso por allá a mediados de los años noventa, Bill Lancaster zarpó de Garza con dos amigos en un bote llamado Sushi Loco. Lo agitado que estaba el mar obligaba a la mayoría de barcos a regresar a la orilla. Sin embargo, estas tres almas intrépidas más bien iban mar adentro, en medio de chiflidos y gritos como: «¡están locos!»

Y valió la pena el riesgo…capturaron dos marlines.

En la fiesta de celebración esa misma noche, un sonriente señor Lancaster dijo: «Por eso me llaman Marlin Bill». El nombre le quedó para siempre, y cuando llegó la hora de abrir un restaurante con pescado fresco en el menú, ¿qué mejor nombre que ese?

Unos años antes, en 1993, Lancaster y su esposa Pam Bumgarner habían comprado propiedades en Nosara. Se mudaron desde Marathon, Florida, donde también vivieron Angie Cebulske y Bobbi Johnson.

Pam administraba The Beach House en Key Colony, «para complementar mi otro trabajo con el periódico!», nos cuenta. Bill era el gerente general de Buccaneer Lodge, que tenía un bar, restaurante, hotel, alojamiento tiempo compartido y la marina. Bill fue miembro activo de la Cámara de Comercio y el Club de Leones y se desempeñó en la administración de las carreras: Power Boat Offshore y Seven Mile Bridge Run. También coordinaba un almuerzo mensual para los jubilados, en donde se cobraba $ 5 por una comida que costaba $ 6.50. Cuando Pam y Bill se fueron de Marathon, los ancianos les dieron regalos y les organizaron una gran despedida.

Un vez llegados en Nosara, conocieron a Chiqui y Patty Doe Yaniz, y a muchos otros ex residentes provenientes de los Cayos de la Florida. La mayoría ya se ha mudado de Nosara.

Bill y Pam abrieron el Bar Ranchito en el año 1994, que quedaba en el mismo lugar donde estuvo la Tropicana. Este trae a la mente el recuerdo de un crimen local con un final feliz:

Cerca de Ranchito Bar se encontraba la tienda de Harold. Harold y su esposa pedían a sus clientes que dejaran su lista con lo que necesitaban y que regresaran más tarde por sus compras. Esta forma de trabajar creaba una ventana de tiempo ideal para disfrutar de varios Bloody Marys y socializar en el Bar Ranchito. Harold era conocido por sus mascotas: Felix, un mono cariblanco, y también un venado. El venado fue rescatado por Harold después de que unos cazadores mataron a su madre. Este vagaba libremente en su patio.

Durante la Navidad, Harold cerró la tienda por unos días para ir a visitar a su familia cerca de San José. A su regreso en horas de la noche, entró a su tienda (que estaba conectada a su casa) y se encontró un gran desorden: bolsas de azúcar, harina, arroz y frijoles todas abiertas y regadas por la tienda. Las verduras estaban destrozadas y esparcidas por el piso al igual que todas las monedas de la caja registradora. Los billetes habían desaparecido. Cuando Harold llamó a la policía, no tuvieron problemas para encontrar al ladrón, uno que no tenía ninguna razón para irse y no mostró remordimiento alguno. ¡Había sido Felix!

El Bar Ranchito evolucionó, se mudó y operó por tres años más adonde está el Bambú Bar. Luego se pasó de lugar a Villa Taype en Guiones , donde pasó a convertirse en el restaurante Marlin Bill. Se ubicaba donde se encuentra ahora la tienda de surf de Nosara. No mucho tiempo después Bill y Pam compraron el edificio donde están ahora. Lo renovaron y reforzaron su estructura. Marlin Bill está aquí desde el año 2000.

A finales de los años noventa Bill fue Vicepresidente y luego Presidente de la NCA. También estuvo involucrado en el inicio de la ASADA. Cuando le pidieron comentar sobre esos tiempos, declinó. “Siempre voy a ofender a alguien”, respondió.

Lejos de ofender, Bill más bien siempre abre las puertas de su restaurante a todos. Continuando la práctica iniciada en Marathon, él y Pam hacen que su restaurante siempre esté disponible para reuniones de grupos comunitarios como la Asociación de Seguridad y Amigos de Nosara, incluso cuando el bar y el restaurante están cerrados. Un club de bridge almuerza allí semanalmente, y las transmisiones de eventos deportivos siempre atraen multitudes, al igual que los eventos para recaudar fondos esparcidos lo largo del año. Y por supuesto, los que frecuentan el bar disfrutan a diario compartiendo sus historias de pesca con Bill.

Haciendo un recuento de todo su tiempo en Nosara, Lancaster recalca como el número de restaurantes se ha multiplicado «de 5 a 58″ a través de los años. El número de escuelas de surf “de cero a incontables». Antes no había cuadraciclos, ahora hay tiendas de alquiler dondequiera que vayas», agregó.

Pam recuerda una tradición que persistió durante muchos años que experimentaron cuando se mudaron aquí. La gente se reunía en el aeropuerto para recibir o despedir a la gente que vivía en Nosara sólo parte del año. Los Bloody Marys estaban a mano para los vuelos de la mañana, y las margaritas para los de la tarde. «Nuestra pequeña comunidad dejaba de lado cualquier diferencia en estos encuentros”. Nos abrazábamos y decíamos, “bienvenidos de regreso” o “vuelvan a casa pronto”, dijo con nostalgia.

A pesar de estos cambios, todavía aprecian la sensación de “pueblo pequeño” de Nosara. «Las personas que eligen vivir aquí buscan esa sensación, la de sentirse como en casa, y esto siempre se encuentra en Nosara, aun cuando muchos estamos a un mundo de distancia de nuestras raíces».